jueves, 12 de enero de 2017

YO NO HE MUERTO EN MÉXICO (XLVI)


IMAGEN DEL NARRADOR DESDE FUERA

Querido Von Stroheim, querida Rata de Dos Patas:
hace mucho que tenía que haberte escrito, y lo sé.
Empecé de nuevo y soy más o menos feliz. Hice, en verdad, lo que querías que hiciera: romper con el México corrupto y miserable que conocemos. Maté al Padre, simbólicamente. Aunque supongo que casi lo maté realmente, del enojo.
Sé que estás encabronado y te debo una disculpa. Creímos que hacíamos lo mejor huyendo así. Sé que mi papá nunca hubiera aceptado a Jeff. Y no quiero saber de lo que es capaz cuando se siente derrotado. Nunca quise, ya sabes.
No es fácil vivir con Jeff. Es duro, porque se le notan las marcas de la soledad y a veces es incapaz de aceptar que ya no le sirven las viejas excusas de tantos años en los que nadie le replicaba. Pero hay algo en él salvaje y tierno a la vez, una capacidad infinita para el sacrificio, como si llevara toda la vida esperando esta oportunidad. Su entrega es total. No se rinde nunca. Por eso creo que estamos venciendo. Sí, lo creo.
Extraño Cholula. Pero estoy bien ahora. Si hay algo realmente importante en la vida, lo tengo aquí y ahora. Es la sensación de saber que ahora estoy donde quiero estar. En la Atlántida. Tú pensabas que la Atlántida era el mal en el fondo del océano que une México y España. Yo creo que hay otra Atlántida.
Creo que nunca podrás entender la pureza en la que vivo ahora. En realidad, yo sé que a ti no te gusta la pureza. No estoy segura de si es por miedo a que algo te llene por completo y te diluya de algún modo, o por el orgullo de creer que puedes manejar el caos o como mínimo reírte de él. No te critico, Álex: tú eres maravillosamente retorcido, apoteósico y apocalíptico a la vez. Esa es tu virtud y te aseguro que tiene mucho valor. Pero te has complicado tanto la vida que ya nunca podrás retroceder y empezar de nuevo. Tus huellas van ya en todas direcciones. Adoras la pequeña eternidad que hay en cada encrucijada porque para ti la vida es sólo una hipótesis. He pensado mucho en estos meses, y he llegado a la conclusión (no te ofendas) de que no estás dentro de la vida; únicamente tienes curiosidad por ella. Tú mismo me lo confesaste alguna vez, y lo tengo apuntado en mi diario: te apasiona el misterio de lo humano cuando lo ves en los demás, no en ti mismo. Por eso estás dando vueltas por el mundo, por eso llegaste a México, por eso te gusta la literatura, por eso siempre estarás solo y puede que incluso seas feliz así. Ojalá.

No volveremos, al menos en bastante tiempo. Sé que hablarás con mi papá: dile que estamos bien. 

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